Reseña: ‘R3sacón’ (2013)

Esta vez no hay boda. No hay fiesta de graduación. ¿Qué puede ir mal? Pero cuando los lobos salen a la carretera, la suerte está echada.

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Ficha Técnica

Título: R3sacón

Título Original: The Hangover Part III

Director: Todd Phillips

Guion: Todd Phillips, Craig Mazin

Fotografia: Lawrence Sher

Productora: Legendary Pictures / Green Hat Films / Warner Bros.

Año/País: 2013 / Estados Unidos

Duración: 100 min.

Género: Comedia | Road Movie. Secuela

Reparto: Bradley Cooper, Ed Helms, Zach Galifianakis, Justin Bartha, John Goodman, Ken Jeong, Heather Graham, Jeffrey Tambor, Gillian Vigman, Sasha Barrese, Jamie Chung

Enlace IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1951261/

Puntuación IMDB: 6,3/10

Enlace Sensacine.com: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-194160/

Puntuacion Sensacine.com: 3,5/5

Crítica

Hay dos maneras posibles y lógicas de analizar The Hangover Part III. Una es como representación física e imparable de la fuerte influencia de las series de televisión en el panorama cinematográfico actual, tanto en el terreno de la comedia como del drama. Y la otra apunta directamente al nacimiento de The Hangover (Todd Phillips, 2009) como respuesta inmediata a la revolución Apatow. Empecemos por esta última. Hace unos años, en la segunda mitad de la década de los 2000, la comedia americana sufrió una beneficiosa transformación tanto a nivel narrativo como moral y, sobre todo, pasó a ser consciente de si misma. Eran las comedias dirigidas, escritas y producidas por Judd Apatow y su cuadrilla, integrada por nombres como Steve Carell, Jason Segel, Seth Rogen, Paul Rudd, Jonah Hill, Greg Mottola, Nicholas Stoller o Evan Goldberg, entre muchos otros. Muchos de ellos salidos del longevo show televisivo americano Saturday Night Live o de sus dos series anteriores, Freaks and Geeks (1999) o Undeclared (2001). Comedias como Superbad (Greg Mottola, 2007), Knocked Up (Judd Apatow, 2007) o The 40-Year-Old Virgin (Judd Apatow, 2005) mantenían el gamberrismo y la fidelidad hacia el eslogan «sexo, drogas y Rock and Roll» tan característico de los años noventa. Pero, a su vez, incorporaron elementos diferenciales al resto de producciones mayoritariamente dirigidas a un público adolescente. Cierto existencialismo perseguía a los personajes, culpabilidad, un concepto de la madurez propio de The Breakfast Club o Ferris Bueller’s Day Off (ambas de John Hughes, 1985, 1986) y, sobre todo, una vulnerabilidad emocional que permitía que los sentimientos fluyeran de los personajes al público sin ningún tipo de intermediario. ¿Dónde quedaban entonces directores como Adam McKay, los hermanos Farrelly, el propio Phillips, o productos como American Pie, Dude, Where’s my Car? o Not Another Teen Movie? Eso mismo debió pensar Todd Phillips, que contempló como sus chifladas Starsky & Hutch (2004) o School for Scoundrels (2006) nacieron con una prematura fecha de caducidad, frágiles en comparación con propuestas más sustanciosas. Ante este panorama, tomó una decisión inteligente. Junto a los guionistas Scott Moore y Jon Lucas, dieron forma a una especie de National Lampoon’s Animal House (John Landis, 1978) con The Hangover. No solo crearían la fiesta de todas las fiestas, sin ningún tipo de rubor ni conflicto ético en sus protagonistas, sino que se valieron de la conocida técnica del salto temporal para deconstruir el relato y aportar una elasticidad narrativa que le proporcionaba al film un toque fresco y descarado. Phillips, ya como guionista junto a Scot Armstrong y Craig Mazin, repitió la jugada un par de años más tarde con la segunda parte, con una estructura idéntica y buenos resultados. Había conseguido plantar cara al equipo de Apatow en su terreno y, al mismo tiempo, parecía estar reclamando y reivindicando el lugar que la comedia norteamericana desvergonzada de los últimos treinta años había ocupado. Pero claro, en esta segunda parte no solo se repite esquema sino que se desarrolla en Tailandia, después de que la primera fuera en Las Vegas. ¿Cómo superar eso sin qué parezca simplemente una versión más grande y extendida de las dos películas anteriores?

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Pues lavándole la cara a tu producto y «aliarte» con tu «enemigo» Apatow. Nada de deconstrucción ni alteraciones temporales o espaciales de la historia. Phillips ha optado por una de sus especialidades, la road movie, y por sanar el síndrome de Peter Pan del wolf pack, haciéndolos madurar a golpes. Y el veredicto es positivo porque sus personajes siguen una evolución natural desde la primera película (pretendido o no, es lo de menos). Si bien Stu (Ed Helms) y Phil (Bradley Cooper) vienen representando la sensatez  y el más o menos buen juicio (al menos cuando no están borrachos, drogados o bajo la presión de mafiosos…) desde la primera entrega, es en Alan (sensacional de nuevo Zach Galifianakis) donde vemos personificada la inmadurez, el desconocimiento y la ausencia total de responsabilidad. Es en The Hangover Part III cuando la relación con su padre (Jeffrey Tambor), su extravagante amigo Mr. Chow (interpretado por un Ken Jeong absolutamente desmadrado y acertado) y alguna que otra relación amorosa, le harán plantearse seriamente su estilo de vida, las consecuencias de sus actos y las repercusiones que estos tienen en sus seres más allegados. Se incorporan, por lo tanto, algunos elementos dramáticos a la trama, aunque sin abandonar nunca el tono de comedia. Es en realidad la relación Alan-Mr. Chow el motor de la trama, la que posibilita que todo avance, dejando algo más de lado al resto de personajes, seguramente conscientes de que tanto Galifianakis como Jeong poseen un don para la comedia natural, física y verbal con la que es complicado competir. Helms lleva años exhibiendo sus enormes habilidades cómicas en The Office y todos sabemos de lo que es capaz el bueno de John Goodman con su arrollador carisma y presencia sin igual. Con todo ello, hay argumentos lógicos para creer que Alan-Mr. Chow es una gran sociedad y, de hecho, producen la mayor parte de risas de la película. Es entonces cuando hay que analizar lo anunciado al principio del artículo, la influencia televisiva en el séptimo arte. Es innegable que las comedias de situación han evolucionado desde la época de las Frasier, Friends o Seinfeld a nuestros días, donde productos como Community, The Office, 30 Rock o Modern Family, entre otros muchos, hacen de la parodia, la farsa y la verborrea inteligente su razón de ser. Pero, ¿En qué contribuyen este tipo de series al cine actual y, sobre todo, a la película qué nos ocupa? En casi todo. Desde las elecciones del reparto a la construcción de los gags, la realización y, en algunos casos, hasta la fotografía. 

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Solo hay que echar un rápido vistazo a los intérpretes de The Hangover III para intuir las esperanzas de los productores en que los aficionados a esas series deseen ver a sus ídolos en pantalla grande y en roles similares. Esta es la clave, papeles casi idénticos que prácticamente sean una continuación cinematográfica de la versión televisiva, dando lugar a una especie de Spin-Off que ningún fan se perdería:Ed Helms (The Office), Zach Galifianakis (Bored To Death), Ken Jeong (Community), Melissa McCarthy (Gilmore Girls, Mike & Molly) o Jeffrey Tambor (Arrested Development). Por otra parte, es cuanto menos curiosa la constante mezcla de géneros a la que asistimos en The Hangover III. Comedia, acción, algo de drama, algo de romance, aunque la fusión que mejor funciona a lo largo del film es la comedia de acción. Phillips, que ya atesora en su haber unas cuantas road movies, ha decidido impregnar a la saga de un toque más thriller, sacando totalmente de su dominio a los personajes y asegurándose así escenas completamente nuevas en la trilogía. Es aquí cuando el espíritu televisivo se deja notar de nuevo, ya que el ojo más entrenado podrá advertir diversas referencias a la soberbia Breaking Bad. Desde planos literales y exactos (acontecidos en el desierto y en la Villa mexicana), pasando por la característica iluminación azafrán del desierto hasta un John Goodman que, por momentos, parece una fiel reproducción de Don Eladio (su estancia en la Villa ayuda bastante). Asimismo, es llamativo que en una comedia la comedia no funcione como tal gracias a la elaboración y el desarrollo de gags o escenas hilarantes, sino por mediación de golpes secos de humor, salidas de tono de los protagonistas o situaciones esporádicas individuales que nada tienen que ver con un conjunto orquestado por el director. Así pues, tenemos que esperar hasta los divertidos créditos finales para contemplar algo de la locura y bestialidad de la que hacían gala los anteriores films. Pero, lejos de ser un defecto, es simplemente diferente, otra forma de encarar el humor donde abunda más la permanente sonrisa y la tensión de la acción que la risa a carcajadas (que las hay). En conclusión, un digno cierre de la trilogía del wolf pack que, con sus muchos defectos y otras tantas virtudes, ha conseguido que su origen reivindicativo hacia un tipo de comedia menos respetada críticamente haya mutado naturalmente a otros estados gracias a unos empáticos personajes y al sensacional trabajo de los actores que les han dado vida.

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