Reseña: ‘Gravity’ (2013)

Durante un paseo espacial rutinario, dos astronautas sufren un grave accidente y quedan flotando en el espacio. Una es la doctora Ryan Stone, una brillante ingeniera en su primera misión espacial en la Shuttle. Su acompañante es el veterano astronauta Matt Kowalsky. Durante el paseo algo sale mal y ocurre el desastre: el shuttle queda destrozado, dejando a Ryan y Matt completamente solos, momento a partir del cual intentarán por todos los medios volver a la Tierra.

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Ficha Técnica

Título: Gravity

Título Original: Gravity

Director: Alfonso Cuarón

Guion: Alfonso Cuarón, Jonás Cuarón

Musica: Steven Price

Fotografia: Emmanuel Lubezki

Productora: Warner Bros. Pictures / Esperanto Filmoj / Heyday Films

Año/País: 2013 / Estados Unidos

Duración: 90 min.

Género: Ciencia ficción. Aventuras. Thriller. Drama | Aventura espacial. Supervivencia. 3-D

Reparto: Sandra Bullock, George Clooney, Ed Harris, Orto Ignatiussen, Paul Sharma, Amy Warren, Basher Savage

Enlace IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1454468/

Puntuación IMDB: 8,2/10

Enlace Sensacine.com: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-178496/

Puntuacion Sensacine.com: 3,5/5

Crítica

La reciente crisis económica, política y social ha tenido su esperado efecto en el cine de nuestra época. Siempre ha ocurrido así, ya sea con el crack del 29, las guerras mundiales o las maravillas de la evolución de la ciencia o la física. Influyen en una gran parte de la industria cinematográfica, ya sea temáticamente o simplemente como trasfondo cultural. Por esto mismo estamos viviendo un aumento de la producción de películas de acción apocalípticas, invasiones extraterrestres o asaltos de zombies. R.I.P.D. (Robert Schwentke, 2013), White House Down (Roland Emmerich, 2013), Riddick (David Twohy, 2013) o World War Z (Marc Forster, 2013) son buenos ejemplos. Igualmente, la producción de ciencia-ficción acontecida durante el pasado verano, es una de las más cuantiosas que se recuerdan:Pacific Rim (Guillermo Del Toro, 2013), Elysium (Neill Blomkamp, 2013), Star Trek (J.J. Abrams, 2013), After Earth (M. Night Shyamalan, 2013), Oblivion (Joseph Kosinski, 2013) o Iron Man 3 (Shane Black, 2013), entre otras. La competencia por la taquilla y por la supremacía crítica ha sido brutal, indudablemente mayor que la calidad artística de cada una. La imposibilidad de valorar cada película independientemente, de apreciar sus virtudes y advertir sus defectos, es derivado de la cercanía de sus fechas de estreno, sus similitudes argumentales y la confrontación mediante campañas de publicidad y promoción de sus estrellas protagonistas. Puede ser este el motivo de la suficiente separación de Gravity con el resto, sobre todo a nivel de recepción crítica, donde su triunfante paso por los festivales de Venecia o San Sebastián se antoja clave. Gravity es diferente al resto por su particular ubicación en el panorama cinematográfico, que le hace estar más próxima a la etapa de premios que de pesca de millones veraniegos. También por no usar a sus dos estrellas protagonistas como reclamo absoluto, sino como un engranaje más de una película que ha sabido llamar la atención y cimentar el interés general sobre una base estrictamente visual, más allá de que haya o no interpretaciones destacables. Estas son algunas de las causas que impiden establecer una comparación con los blockbusters antes mencionados, más allá de sus temáticas. Cuarón ha ganado la guerra de la modernidad con sus semejantes, pero aún le queda su enfrentamiento con la historia, que se presenta lógicamente más duro. ¿Cuál será el lugar en los anales del séptimo arte de Gravity? Aún no lo sabemos pero no soy tan optimista como los medios especializados ni mucho menos como James Cameron («Me dejó impresionado, absolutamente derrotado, creo que es la mejor película sobre el espacio jamás hecha, y la película que había estado esperando ver desde hacía muchísimos años»). Las películas son esclavas de sus años de origen, de los avances técnicos de su era, de sus presupuestos y de sus ambiciones. Y es en esa lucha con 2001: A Space Odyssey (Stanley Kubrick, 1968), Alien (Ridley Scott, 1979) o The Thing (John Carpenter, 1982) donde se ha de ver la magnitud de Gravity. Una grandeza que, en mi opinión, no atesora.

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Una película es una mezcla de narración y poderío visual donde los actores conforman una parte fundamental para el buen funcionamiento y asimilación de ambas. Son incontables las ocasiones en las que hemos presenciado un film con una desbordante visión espacial pero cuyo guión no es más que una excusa necesaria para construir un camino solido a dicha particular percepción. O, por el contrario, guiones y buenas historias que se han visto lastradas y perjudicadas por un tratamiento de la imagen chapucero y descuidado, confiando en exceso en la genialidad del relato. Como ya habréis adivinado, Gravity forma parte del primer grupo, aunque con ciertos matices. Es cierto que Alfonso Cuarón desprecia abiertamente la narrativa convencional para centrarse en una historia de supervivencia clásica, con proliferación de un esquema repetitivo donde la búsqueda de una salida satisfactoria se alterna con accidentes de diversa índole. Es su patrón. Y no vería motivo de queja si no fuera porque, a medida que avanza el relato, Cuarón intenta introducir elementos cálidos y acogedores que doten de vida a una historia que es fría por sus propias decisiones. La conexión emocional con el personaje de Sandra Bullock entra tarde, llegando incluso a presentarse como una extensión de los reconocibles (e irascibles) personajes de la ganadora (?¿?¿?¿?) del Oscar por The Blind Side (John Lee Hancock, 2009). No ayuda el encanto habitual de George Clooney, cuyas apariciones son graciosas, relajadas y desprovistas de tensión o mal humor. Por lo tanto, entre ambos personajes elegimos inconscientemente a uno de ellos, para después situar la carga dramática en el otro. Y no es que Sandra Bullock no esté a la altura (de hecho creo que jamás ha estado mejor), todo lo contrario, sino que la evolución psicológica de su personaje no es constante y su dramática historia personal está confeccionada a golpe de cliché y de melodrama desprovisto de sutileza. Tal vez hubiera sido más adecuado (también más arriesgado) establecer un tono predominantemente gélido donde la implicación emocional no fuera tan importante para el devenir de la historia y de su potente clímax. Puede que el entendimiento de este viaje como aventura hacia lo desconocido con piezas puramente exóticas e insólitas, tal y como ocurría en 2001:A Space Odissey (a la que Cuarón rinde varios homenajes, siendo el más patente de ellos el reflejo de cambiantes colores vivos en los cascos de sus astronautas) fuera la forma de abordarlo. Un periplo hacia ninguna parte protagonizado por alguien tan callado e impresionado que podría ser cualquiera de nosotros, construyendo de esta manera una senda peligrosa y atractiva que recorrer, sin personalizar en ningún sujeto, generalizando y, por tanto, ampliando sus horizontes. No obstante, lo más achacable es la poca confianza de Cuarón en la correcta apreciación de los sentimientos de los personajes por parte de los espectadores, cayendo en algo tan vulgar y ordinario como la manifestación oral de las emociones, eliminando cualquier posibilidad de comprensión de planteamiento que no sea la suya. Es extraño como en una película tan visual, los individuos no sienten sin más, sino que se ven obligados a declarar lo que sufren y padecen.

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A pesar de la limitada esperanza de Cuarón en sus espectadores, Gravity medita sobre la importancia y la enorme dimensión del ser humano como individuo desde un punto de vista optimista y sin obviar cierta influencia religiosa. La resurrección, los orígenes perdidos del hombre y el irremediable entendimiento y entrenamiento de los automatismos típicos del ser humano están presentes en la historia, sobre todo en el tercer y último acto. Para Cuarón, ni siquiera el espacio es más complejo que el hombre, dotado de ingeniosos recovecos que ni él mismo reconoce ante la falta de pruebas exigentes en su día a día y sus propias autolimitaciones. La soledad, eludir tus responsabilidades y evitar el contacto humano para ahorrarse heridas y decepciones no son comparables a la oportunidad de vivir que tenemos. Esa incomprensión hacia los orígenes de nuestra existencia se traduce en la poca valoración que a veces profesamos hacia nuestra propia vida, aunque Cuarón no profundice mucho sobre el tema. La utilización de la música country (cálida, familiar, entrañable, provista siempre de corazón) en el espacio es la reivindicación del hombre como ser vivo imprescindible y social, del que no hay nada que temer por su naturaleza amigable, incluso ante supuestos seres del espacio exterior (siempre bajo la visión de Cuarón). La dirección del mexicano, sin duda lo mejor del film, se apoya en el seguimiento calculado de elementos y objetos inertes para componer sus bellos movimientos de cámara, como en un laberinto ordenado, dando lugar a unos impresionantes planos secuencia. De hecho, el principio del film es una verdadera obra de orfebrería apoyado en un plano secuencia de 10-12 minutos donde el baile de la cámara es preciso y precioso, gracias a un silencio interrumpido por los diálogos de los astronautas, y a una exquisita fotografía de Emmanuel Lubezki. La labor de Lubezki se asemeja, en cuanto a construcción (que no a tonalidad ni elección visual), a su participación en The Tree of Life (Terrence Malick, 2011). Es el momento de mayor tranquilidad de la película, su comienzo, y la sensación de paz que transmite llega a ser perturbadora, por lo próxima que se intuye la tragedia. Cuarón se reta a si mismo a la hora de construir planos secuencia que signifiquen algo más que virtuosismo pero, si bien es cierto que a nivel de composición de la imagen Gravity puede ser algo superior que Children Of Men (2006). Esta última cuenta con una historia mucho más consistente y atractiva donde no tenemos la constante sensación de búsquedas y justificaciones argumentales para realizar tal o cual tiro de cámara ni como lucimiento para su director. Tampoco estoy muy convencido de esa exigencia por incrustar música en imágenes y situaciones lo suficientemente dinámicas y enérgicas como para reclamar auxilio externo, máxime cuando has cimentado el arranque sobre un silencio impoluto, con resultados magníficos. Con todo esto llego a la conclusión de que el propio Cuarón reconoce que Gravity gira en torno a atractivos movimientos de cámara coreografiados e imágenes atrayentes de los que no se siente tan seguro como pueda parecer a simple vista por la inclusión de una subtrama manida, uso de algún elemento técnico innecesario y un mensaje regenerador que ejerce como colchón de seguridad ante la oscuridad de la propuesta.

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