[Sitges 2012] ‘Robot and Frank’ (2012)

ROBOT/NIXON.

En un futuro no muy lejano, la integración de presencias robóticas entre los humanos hará posible que surjan, por ejemplo, androides programados para cuidar personas mayores. Esa es justamente la solución que encuentran Hunter y Madison para su anciano padre Frank, cuyas pérdidas de memoria son cada vez más frecuentes. Venciendo su aversión inicial por la tecnología, este encontrará en el robot a un amigo cuidadoso y preocupado por su bienestar. Pero, paralelo a su mejoría, también surgirá en Frank el deseo por volver a ejercer su antigua “profesión” de ladrón de joyas. Luminosa y tierna, Robot & Frank integra elementos de ciencia-ficción en una historia profundamente humanista.

Ficha Técnica

Título: Robot and Frank

Título Original: Robot and Frank

Director: Jake Schreier

Guion: Christopher D. Ford

Musica: Francis Farewell Starlite

Fotografia: Matthew J. Lloyd

Productora: Park Pictures Features / Park Pictures / TBB

Año/País: 2012 / Estados Unidos

Duración: 90 min.

Género: Ciencia ficción. Comedia. Drama | Cine independiente USA. Robots

Reparto: Frank Langella, James Marsden, Liv Tyler, Susan Sarandon, Peter Sarsgaard, Jeremy Strong

Web oficial:

Enlace IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1990314/

Puntuación IMDB: 7,4/10

Enlace Sensacine.com: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-195967/

Puntuacion Sensacine.com: 3,2/5

Sinopsis

En un futuro no muy lejano, la integración de presencias robóticas entre los humanos hará posible que surjan, por ejemplo, androides programados para cuidar personas mayores. Esa es justamente la solución que encuentran Hunter y Madison para su anciano padre Frank, cuyas pérdidas de memoria son cada vez más frecuentes. Venciendo su aversión inicial por la tecnología, este encontrará en el robot a un amigo cuidadoso y preocupado por su bienestar. Pero, paralelo a su mejoría, también surgirá en Frank el deseo por volver a ejercer su antigua “profesión” de ladrón de joyas. Luminosa y tierna, Robot & Frank integra elementos de ciencia-ficción en una historia profundamente humanista.

Crítica

El cine independiente norteamericano ha evolucionado sobremanera en los últimos veinte años llegando a ser considerado un género en si mismo, con sus propias normas estilísticas, costumbres y tics. De hecho, últimamente esos tics han marcado la percepción que se tiene sobre ellos, ya que los han vulgarizado y despojado de su semilla original, que era la originalidad. Hace años se pensó como cambiar la visión que los espectadores tenían de este tipo de producciones y, de paso, hacerlas más rentables económicamente. Por lo que se recurrió a grandes estrellas venidas a menos como protagonistas. Mientras la película conseguía popularidad y una cierta proyección, el actor de turno ganaba prestigio y demostraba que estaba dispuesto a aceptar papeles más arriesgados con tal de mantenerse en el candelero cinematográfico. No obstante, también hay actores que colaboran en ellos por el simple hecho de ser una forma de expresión más libre que el cine de Hollywood y por tratarse de historias más personales y atractivas. Eso debió pensar Frank Langella cuando aceptó el papel de Frank en Robot and Frank. El espigado actor cuenta con una extensa carrera en las tablas y lleva años alternando el cine, la televisión y el teatro, siendo este último su especialidad. De hecho atesora dos premios Tony que le permitieron frecuentar otros medios diferentes. En el cine le hemos visto en Drácula, Lolita, Buenas noches y buena suerte (Good Night and Good Luck) o en Frost/Nixon, entre otros muchos papeles. De hecho, fue en la película de 2008 de Ron Howard donde estuvo a punto de ganar un merecidísimo Óscar por su colosal interpretación del ex-presidente de los Estados Unidos de América. Sean Penn, en uno de los premios más injustos que se recuerdan, se llevó el galardón a casa por Milk y dejó a Langella (y sobre todo al catártico Mickey Rourke) compuesto y sin premio. Hay películas que se definen por su protagonista y esta es una de ellas, ya que Langella da una lección magistral de contención, sobriedad, cinismo y ternura, sin perder ni un ápice del característico carácter que le ha definido durante tantos años.

Jake Schreier, director que tiene su origen en la publicidad, los cortometrajes y los videoclips, presenta esta humanística ópera prima sobre un tema que nunca dejará de estar de actualidad: la soledad de la tercera edad y el impacto de la tecnología en ellos. Para ello presenta un personaje protagonista enfermo de alzheimer y, por consiguiente, con pérdidas constantes de memoria y olvidos. Sus hijos, interpretados por los solventes James Marsden y Liv Tyler, no saben que hacer con su padre y el varón decide regalarle un robot para que le ayude con las tareas del hogar y le haga la vida más fácil. Lógicamente, y debido a su fuerte personalidad, su padre se niega pero tampoco quiere irse a una residencia de ancianos. Es aquí cuando surgen las cuestiones principales del film. ¿Qué hacer con nuestros mayores cuándo llegan a una edad? ¿Qué libertad de decisión deben tener ellos cuándo su elección afecta directamente a las vidas de sus más allegados? ¿Puede la tecnología ser un sustituto fiable de la calidez humana? Vamos por partes. Es de recibo que cada ser humano en facultad de sus habilidades tome sus propias decisiones pero también es cierto que muchos ancianos no son conscientes de que sus acciones repercuten en otras personas con otras responsabilidades, por lo que el efecto dominó es imparable. La película plantea bien esta cuestión pero juega con un punto a favor: en ella ya están inventados los robots sirvientes. Parece una buena solución pero ¿Y las consecuencias de la tecnología punta en personas en edad avanzada? ¿Cómo influye en ellos? ¿Cómo se adaptan a ellos? Como dice el personaje de Liv Tyler e hija de Frank, ¿Se puede dejar una vida en manos de un robot? Tal y como se muestra en la película, alguien necesitado de ayuda para realizar funciones básicas es alguien deshumanizado (aunque sea solo físicamente) en parte y un apoyo, sea cual sea, siempre le aportará más que restar. En este caso, la contraprestación proviene de una máquina carente de alma, sentimientos y corazón. Por lo que podemos decir que un aparato totalmente deshumanizado es capaz de incentivar las funciones humanas olvidadas o deterioradas de un ser humano. Punto para los robots (que no olvidemos que han sido creados por el hombre, por lo que no deja de ser un círculo vicioso).

Para la pregunta lanzada al aire de si es ética y moralmente correcto dejar una vida en manos de un robot, me gustaría que hiciéramos un breve análisis de todo cuanto nos rodea. Calentamos la comida en un microondas, escribimos en un ordenador, hablamos por un teléfono móvil, escuchamos música en un Mp4, enfriamos nuestras bebidas en un congelador, nos desplazamos de un lado a otro en coche o transporte público, nos levanta de la cama un despertador, grabamos nuestros recuerdos en una cámara…no es necesario seguir. La tecnología no para de crecer cada día a pasos agigantados y, nos guste o no, ya incide en nuestra vida de una manera totalitaria, sin discusión posible. Por lo que, si todos nosotros acusamos un exceso de dependencia…cómo no lo va a hacer un enfermo de alzheimer como Frank? A la pregunta de si es recomendable que las cosas sean así, no hay más que decir que el progreso es imparable. Lo curioso del tema es que nuestro protagonista deberá hacer frente a una rara situación donde se verá obligado a entender su propia enfermedad gracias a su robot, en un desenlace lacrimógeno, honesto y sensible. Lo más negativo del film residen en una galería de secundarios bien encarados por sus intérpretes (Sarandon, Marsden, Tyler y Sarsgaard aportan la calidez necesaria) pero excesivamente previsibles y estereotipados, en un mal que suele ser pandémico en el último cine indie americano. La dirección de Schreier es efectiva (que no efectista), sofisticada, con un dominio riguroso de los elegantes travellings y suaves movimientos de cámara. El ritmo es el adecuado y se toma su tiempo en conocer la historia oculta tras la máscara de Frank, lo que permite al espectador divagar y jugar a adivinar sobre el porqué de ese hombre, en ese momento y en ese lugar. Cinta ligera, amena, divertida y bienintencionada sobre temas candentes en nuestra sociedad pero sin filosofar sobre ello. Todo es mucho más humano que eso y si encima contamos con Frank Langella como maestro de ceremonias, no hace falta nada más.

 

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