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Reseña: ‘Star Trek: En La Oscuridad’ (2013)

CUMBERBATCH LE DA MÁS A ABRAMS QUE ABRAMS A CUMBERBATCH.

Cuando a la tripulación de la nave Enterprise le ordenan que regrese a casa, descubren una imparable y terrorífica fuerza que, desde dentro de su organización, ha hecho saltar por los aires la flota y todo lo que esta representa, sumiendo al mundo en una profunda crisis. Con un asunto personal que resolver, el capitán Kirk encabeza una incursión a un planeta en guerra para capturar a un hombre que es un arma de destrucción masiva. A medida que nuestros héroes se van sumergiendo en una épica partida de ajedrez a vida o muerte, el amor se verá puesto a prueba, las amistades se romperán, y habrá que hacer ciertos sacrificios por la única familia que le queda a Kirk: su tripulación.

Reseña: 'Star Trek: En La Oscuridad' (2013)

Ficha Técnica

Título: Star Trek: En la oscuridad

Título Original: Star Trek Into Darkness

Director: J.J. Abrams

Guion: Alex Kurtzman, Damon Lindelof, Roberto Orci (Serie original: Gene Roddenberry)

Musica: Michael Giacchino

Fotografia: Dan Mindel

Productora: Bad Robot / Kurtzman/Orci / Paramount Pictures

Año/País: 2013 / Estados Unidos

Duración: 132 min.

Género: Ciencia ficción. Aventuras. Acción | Aventura espacial. Secuela. Star Trek

Reparto: Chris Pine, Zachary Quinto, Zoe Saldana, Benedict Cumberbatch, Karl Urban, Simon Pegg, Alice Eve, Bruce Greenwood, Peter Weller, Anton Yelchin, John Cho, Noel Clarke

Web oficial:

Enlace IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1408101/

Puntuación IMDB: 8,3/10

Enlace Sensacine.com: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-145475/

Puntuacion Sensacine.com: 4,5/5

Crítica

Esta nueva entrega de Star Trek se titula Into Darkness (En la oscuridad), siguiendo así la tradición de The Dark Knight (Christopher Nolan, 2008) y algunas otras películas de acción, consistente en presentar a un poderoso y oscuro villano en la segunda parte de una supuesta trilogía. Todo lo que anteriormente era blanco se torna oscuro y las fuerzas del mal y el pesimismo se apoderan de los héroes de turno. La pregunta es, ¿Cuál es el grado mínimo de maldad exigible cómo para qué merezca la pena alterar el título de tu película? Es decir, no basta solo con intuir que el villano es perverso o con decirlo muchas veces durante el metraje. Hay que mostrarlo. Hay que darle espacio para que se desarrolle no ya como demonio sino como un personaje dramático más de la función, con sus motivaciones, arcos, virtudes, defectos, dramas, traumas, etc. Obviamente estos personajes suelen tener un tratamiento diferente al resto, básicamente porque son diferentes al resto y suponen su reverso sombrío. Sin espacio, sin tiempo, sin personalidad aparte de los protagonistas, sin su propio mundo…no queda más que el típico Satán que quiere ver el mundo arder porque si, sin justificación narrativa aparente. Afortunadamente no es el caso del rol interpretado por el soberbio Benedict Cumberbatch. Pero no lo es por él mismo, por su propia calidad de intérprete, por su imponente voz, por su presencia intimidatoria, por el espectáculo que supone ver y oír los diálogos saliendo de su boca…no por Abrams. El fuerte del director de Super 8 (2011) nunca ha sido la dirección de actores, pero esta rémora era subsanada por la astucia de rodearse casi siempre de elencos muy profesionales y sobrios (Tom Cruise, Philip Seymour Hoffman, Kyle Chandler, Eric Bana, etc). La contrariedad más considerable la encontramos en que, dando por hecho que sus actores se dirigen prácticamente solos, Abrams rara vez elige la mejor opción a nivel de composición de planos y encuadres, o incluso ritmo interno dentro de una propia escena, lo que supone un flaco favor al público a la hora de percibir a sus personajes. En su obsesión por ir rápido y apabullar al espectador, jamás deja respirar suficientemente una escena ni al actor en cuestión. Es lo que ocurre con el elemento más destacable y diferencial de su película:la descomunal actuación de Cumberbatch. Se podría decir lo mismo de Peter Weller o Zachary Quinto. Abrams se encuentra mucho más cómodo en escenas mastodónticas, de persecuciones espaciales o batallas, ya que la no limitación espacial que ello conlleva se ajustan perfectamente a su desgarbado y desproporcionado (dicho con connotación positiva) estilo de dirección. En cambio, sufre en las distancias cortas, como puede ser una simple conversación (incluso sin ser dramática). Es un director de grandes espacios y eso siempre perjudicará a los intérpretes de sus películas. Cierto es que de momento no ha hecho ningún drama victoriano, sino cintas de acción veraniegas, pero en cualquier film los personajes deben importarte y poder sentirlos de forma correcta, sin importar sus inclinaciones morales y éticas.

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Damon Lindelof, fiel colaborador de Abrams en otros proyectos del director y productor, se incorpora al equipo de guionistas formado por Alex Kurtzman y Roberto Orci, también responsables de la anterior entrega de la saga. De todos es conocida la fama de «mago» de Lindelof, es decir, de emplear trucos narrativos y soluciones absurdas a situaciones aún más absurdas. Ya lo hizo en Prometheus (Ridley Scott, 2012), Cowboys & Aliens (Jon Favreau, 2011) o en infinidad de episodios de Lost (2004-2010), con la diferencia de que en la serie solía escribir a cuatro manos con Carlton Cuse, profesional que tiene los pies algo más en el suelo que él. Por tanto, ¿En qué se ha beneficiado y perjudicado Star Trek Into Darkness con la incorporación de Lindelof? Sin duda ha aportado algo más de agilidad y humor al relato, una mayor compenetración con el director y su instinto para asombrar al público con detalles intrascendentes para la trama pero atractivos para los fans. En contra, la irracionalidad de muchas de sus propuestas se deja notar en algunos aspectos de la historia, sobre todo aquellos que están resueltos con trampas de guión. Particularmente, hay una escena de riesgo que me chirría enormemente y que sirve como ejemplo perfecto a estas manipulaciones escenográficas. En dicha escena están involucrados Kirk, Scotty y Chekov. No diré nada más, pero es increíble lo que un simple cambio de plano puede arreglar. Otro de los retos a los que se han tenido que enfrentar tanto Kurtzman, Orci y Lindelof como Abrams es a la creación de un villano de categoría que supusiera una amenaza mayor que el encarnado por Eric Bana en la primera parte de la saga. En este caso, no han sido muy originales y han continuado con el concepto de enemigo-psicópata-brillante impuesto por el cine comercial moderno. El Joker de The Dark Knight (Christopher Nolan, 2008), Silva en Skyfall (San Mendes, 2012) o Loki en The Avengers (Joss Whedon, 2012) se antojan referentes inseparables del belicoso Cumberbatch. Parece que Hollywood no tiene el más mínimo interés en profundizar en esta interesante figura y simplemente se dedica a explotarla, con mayor o menor éxito, consciente de que superar esos límites morales no estaría demasiado bien visto en una hipócrita sociedad americana donde puedes comprar un arma a las tres de la tarde en un centro comercial pero no mostrar un pecho femenino en una proyección cinematográfica. Esa dejadez en la construcción se hace extensible al resto de los protagonistas, pese a evidenciar un considerable esfuerzo en abordar la profundidad emocional de los más relevantes. Así, la relación que mejor parada sale es la formada por Kirk y Spock, llevando su vínculo homoerótico a un nuevo nivel, más satisfactorio que el mostrado en la anterior película. Esta conexión supera tanto a la pareja Spock-Uhura como a la incursión en la tripulación de la Enterprise de Carol (Alice Eve). Ambos están conectados por algo más que las siempre atrayentes diferencias de polos opuestos. Cada uno encuentra en el otro lo que no encuentra en si mismo, se completan, se necesitan. Lo interesante es que ambos están conformes con sus propias habilidades y no necesitan imperiosamente las virtudes del otro, pero si respetan y admiran el conocimiento y el uso de las mismas por parte de su compañero. Y eso si queda bien reflejado en pantalla.

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Siguiendo la máxima de su idolatrado Spielberg de ofrecer aperturas impactantes, Abrams abre el film con una impresionante y majestuosa secuencia de acción cuyo ritmo vertiginoso apenas nos deja respirar en la butaca. En ella se aborda desde una perspectiva más general el estado de la relación Spock-Kirk, y como siguen con sus mismos códigos morales, a pesar de que las consecuencias sean mortales. Es justo reconocer que esto es una constante en el cine del director neoyorquino, ya que tanto Mission: Impossible III (2006), Star Trek (2009), Super 8 (2011) o, por supuesto, Lost (2004-2010) albergan comienzos espléndidos y muy vistosos. Siguiendo las comparaciones con Spielberg (ya que el propio Abrams ha declarado en más de una ocasión que está cómodo soportando tal carga), Star Trek Into Darkness es convincente y potente visualmente, muy entretenida y con altas dosis de humor. Una suerte de Indiana Jones (salvando las diferencias), sin ir más lejos. La desemejanza se halla en que el creador de la fallida serie Undercovers (2010) promueve un tipo de humor demasiado blanco, tan blandito que ni siquiera aguanta el envite con las comedias de Spielberg (ya de por si inofensivas) y se acerca más a Tom Shadyac o similares. Igualmente, tanto las correrías de Scotty (formidable bufón encarnado por Simon Pegg) como los comentarios demasiado literales de Spock proporcionan un tipo de comicidad más fresca que, por ejemplo, la previsible jerga de macho alfa de Kirk. Por otra parte, el breve cameo de Leonard Nimoy conecta la antigua saga con la actual, en una jugada muy inteligente al no tratarse de un simple ejercicio nostálgico o de homenaje a Nimoy, sino que se aprovecha la coyuntura para que los no iniciados y los no fans de las antiguas aventuras de la Enterprise, entiendan algo mejor el presente a través del pasado, sabiendo que deben temer al futuro inmediato. Cierto es que las nuevas andanzas de la tripulación nada o muy poco tienen que ver con la histórica serie y los antiguos films, pero siempre viene bien recordar, aunque sea fugazmente, los orígenes y comienzos de la historia. Como buen alumno del maestro, Abrams sabe que tiene que entregar un inicio y un final colosales, y un par de escenas entre medias que permanezcan en la retina del espectador para siempre, como sucedía en Jurassic Park, Jaws o E.T.: The Extra-Terrestrial (Steven Spielberg, 1993, 1975, 1982). Sin embargo, soy incapaz de hablar de esas grandes escenas, incluyendo Star Trek Into Darkness, porque no persisten en mi diez minutos después de que finalice la proyección (exceptuando el descarrilamiento del tren en Super 8). El cine de Abrams es de desarrollo rápido, consumo veloz y digestión acelerada, y eso está bien para la generación del «aquí y ahora», ese tipo de público que lo quiere todo ya, sin análisis ni dobles lecturas (no aplicable a todos los fans de Abrams, por supuesto). Yo, particularmente, me quedo con el cine de aventuras que permanece contigo muchos años, cuyas escenas más importantes pueden ser recitadas sin apenas esfuerzo y de cuyos personajes deseabas que fueran tus padres o tus hermanos. Tres detalles para acabar el análisis. La banda sonora de Michael Giacchino es prodigiosa (al nivel que el genial compositor nos tiene acostumbrados), Noel Clarke (Mickey Smith en Doctor Who) aparece brevemente al principio de la película junto a Cumberbatch en lo que podría ser lo más cerca que estemos de un crossover entre Doctor Who y Sherlock, y el personaje interpretado por Alice Eve tiene el honor de poseer el desnudo más gratuito y estúpido de la historia del cine. Gustará a fans incondicionales de Abrams. Al resto lo entretendrá durante algo más de dos horas, algo que también se agradece en esta época del año de raquíticas carteleras.

CUMBERBATCH LE DA MÁS A ABRAMS QUE ABRAMS A CUMBERBATCH. Cuando a la tripulación de la nave Enterprise le ordenan que regrese a casa, descubren una imparable y terrorífica fuerza que, desde dentro de su organización, ha hecho saltar por los aires la flota y todo lo que esta representa, sumiendo al mundo en una profunda crisis. Con un asunto personal que resolver, el capitán Kirk encabeza una incursión a un planeta en guerra para capturar a un hombre que es un arma de destrucción masiva. A medida que nuestros héroes se van sumergiendo en una épica partida de ajedrez…

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CUMBERBATCH LE DA MÁS A ABRAMS QUE ABRAMS A CUMBERBATCH

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