Reseña: ‘El topo’ (2011)

El director Tomas Alfredson disecciona a George Smiley en esta impecable adaptación de ‘El topo’

Ficha Técnica

Título: El Topo
Título Original: Tinker Tailor Soldier Spy
Director: Tomas Alfredson
Guion: Bridget O’Connor, Peter Straughan (Novela: John le Carré)
Musica: Alberto Iglesias
Fotografia: Hoyte Van Hoytema
Productora: Studio Canal / Working Title Films
Año/País: 2011 / Reino Unido
Duración: 127 min.
Género: Intriga. Thriller | Años 70. Guerra Fría. Espionaje
Reparto: Gary Oldman, Colin Firth, Tom Hardy, Mark Strong, Benedict Cumberbatch, Toby Jones, John Hurt, Simon McBurney, David Dencik, Stephen Graham, Ciarán Hinds, Svetlana Khodchenkova, Kathy Burke, Roger Lloyd-Pack, Stuart Graham, Christian McKay, Arthur Nightingale, Konstantin Khabenskiy, Philip Martin Brown
Web oficial: http://www.tinker-tailor-soldier-spy.com/
Enlace IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1340800/
Puntuación IMDB: 7,3/10 45,253 Votos
Enlace Sensacine.com: El Topo en Sensacine http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-169913/
Puntuacion Sensacine.com: 4/5

Sinopsis

Años 70, en plena guerra fría. El fracaso de una misión especial en Hungría provoca un cambio en la cúpula de los servicios secretos británicos. Uno de los defenestrados es el agente George Smiley. Sin embargo, cuando ya se había hecho a la idea de retirarse, le encargan una misión especial. Se sospecha que hay un “topo” infiltrado en la cúpula del Servicio y sólo alguien de fuera puede averiguar quién es. Con la ayuda de otros agentes jubilados, Smiley irá recabando información y encajando las piezas para intentar descubrir al traidor. (FILMAFFINITY)

Crítica

Nacido de la insobornable pluma de John le Carré, uno de los escritores europeos más prolíficos de la segunda mitad del siglo XX, George Smiley encarna los códigos del espía que trabaja para el Servicio de Inteligencia Británico, también conocido como Circus. Un lugar indicado expresamente para tejer intrigas y pulsos entre potencias internacionales: hablamos de espías que desarrollan su trabajo en el inhóspito paisaje de la Guerra Fría, época de tonos grises marcada por conspiraciones políticas, donde todos veían fantasmas en los rincones más insospechados. Pero además, se trata de un relato que, como el propio Smiley, desvirtúa el carácter preciosista de sus personajes. Y estos temas cada vez son menos recurrentes en la gran pantalla: ante una premisa tan densa y compleja, quizá lo primero que sale a relucir es cierto aburrimiento o desinterés.

Y, sin embargo, existen directores en la línea de Tomas Alfredson (Déjame entrar) que optan por una vía desasosegante y turbia, para adaptar –en este caso- la novela El topo, del ya mencionado le Carré. Para ello decide recurrir a un reparto plagado de estrellas inglesas: Gary Oldman, Colin Firth, Toby Jones, Tom Hardy, John Hurt, Mark Strong y el nuevo Sherlock Holmes, Benedict Cumberbatch. Es decir, rostros y voces tan creíbles como dispares entre sí, pero que casan a la perfección. De esta forma, la panacea visual que constituyen puesta en escena y dirección de actores, contribuye a crear una historia  que sigue la investigación de un grupo de profesionales del engaño que buscan de puertas para adentro a un traidor que vende información a los rusos. O sea, al eterno Goliat. Y allí, Smiley se erige como figura indiscutible de la austeridad dialéctica, ya que durante las primeras escenas no articula palabra, calla y observa reflexivo.  La composición de Gary Oldman, un actor acostumbrado a deambular en esa delgada línea que separa la exageración de la genialidad, es sencillamente abrumadora. Su contención y languidez dan vida a un hombre que prefiere mirar con escepticismo una realidad fría, prosaica y sin tiempo para las trivialidades. Aunque sea un cornudo, hierático y resentido por ese affaire que mantiene su mujer con uno de sus compañeros (no hay espacio para esta palabra en su vocabulario).

Con mente calculadora –y sin que sirva de excepción- Alfredson se apoya en el uso del travelling (tanto lateral como de avance y retroceso) para transmitir una emoción muy presente a lo largo del filme: el poder del silencio; la dureza del gesto en contraposición al diálogo. Y los que hay (numerosos, por cierto) son inteligentes, precisos, evidenciando que El topo es cine de alto calibre. Porque desde la música de Alberto Iglesias hasta la fotografía de Van Hoytema, todo es inflexible y, sin embargo, dinámico. Se trata de ajustar cuentas como quien hace un puzle: al final, hay un clímax y todo encaja, pero sigues estando solo.

Nota: 8,5/10

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