Breaking Bad – 5×12: ‘Rabid Dog’

EL YONKI ASESINO VS MR. CHIPS

 

Ficha Técnica

Serie: Breaking Bad
Temporada: 5
Capitulo Nº: 12
Titulo Capitulo: Rabid Dog
Fecha de Emisión: 01/09/2013

Crítica
 
Se tiende a pensar en episodios de transición como minutos perdidos provocados por la holgazanería creativa de los guionistas, que buscan desesperadamente rellenar espacio con escenas vacías y resultonas, confiando en que el espectador medio quede satisfecho con lo mostrado en pantalla. Es decir, un objetivo pobre y negligente, impropio de alguien que se gana la vida trabajando en su sueño, que no es otro que cobrar por escribir. Cuando hablamos de Breaking Bad, debemos ser conscientes de que esos términos no pueden aplicarse a esta serie. Por dos motivos. Uno, por la estructura global de la serie, cuyo desencadenante capital es la transformación de una persona decente en un demonio sin remordimientos, acción que obliga al cambio permanente, ya sea de forma paulatina o diligente. Es la propia personalidad del protagonista la que obliga a introducir pequeños o grandes detalles significativos, que son los que irán moldeando el tan traumático proceso. Y dos, por la técnica narrativa empleada desde los inicios de la serie, donde continuamente han tenido cabida giros de guión, comportamientos humanos imprevisibles y variables (motivados en gran parte por la incontrolable drogadicción de Jesse), finales de órdago o juegos temporales. Por lo tanto, jamás se ha realizado un episodio de esta serie orquestado simplemente para rellenar o estirar tramas (a pesar de lo que se suele decir del 3×10:Fly, uno de mis capítulos favoritos del programa). La querencia popular es atribuir un valor desmesurado a las escenas de acción y poco menos que transigir con los necesarios reposos que un drama televisivo (o cinematográfico) debe incluir, fundamentalmente para que esas escenas de acción contengan una buena justificación y nos afecte la posible perdida de alguno de los protagonistas. Es normal que viniendo de un capítulo histórico y brutal como el 5×11:Confessions, este 5×12:Rabid Dog pueda dar la impresión de ser un episodio flemático. Nada más lejos, ya que en él se desarrollan nuevas alianzas, se activan nuevos peligros y hay algún que otro giro argumental de 180º. Así pues, es tiempo de lanzar locas teorías (alguna será la correcta…) para los fanáticos de un espectáculo televisivo que es consciente de su condición de show mediático, a pesar de que comenzó su andadura como una auténtica tragicomedia de culto. Es curioso, pero los cliffhanger y demás trucos empleados para crear una mitología alrededor de la serie ya existían hace cinco años, cuando nadie se podía imaginar ni por asomo el descomunal éxito del que la compañera de cadena de Mad Men disfrutaría. Nada ha sido modificado para agradar más a la audiencia ni para alterar aún más los foros de debate en internet. Eso ya estaba ahí desde aquel lejano episodio piloto en el que dos pardillos, uno drogado hasta arriba y otro en calzoncillos, tomaron la peor decisión de sus vidas. Y aquí nos encontramos ahora, uno drogado de nuevo hasta arriba y otro con una pistola en los calzoncillos mientras esconde un bidón de gasolina en la basura de su vecino. Solo que ahora ambos quieren/necesitan acabar con el otro.
 
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Sobre ese desagradable e inevitable destino ha girado la trama de este Rabid Dog. Dos amigos, un padre y un hijo, que han de acabar el uno con el otro por las circunstancias, por errores del pasado imposibles de solventar con una simple conversación, el fin de una alianza que siempre ha ido mucho más allá de lo puramente profesional. Es por ello que Gilligan y Sam Catlin han vuelto a introducir un recordatorio de situaciones que avivan nuestra memoria y consiguen entristecernos aún más por el estado actual de su relación. Porque, admitámoslo, a pesar de todo lo que ha pasado entre ellos, las injustas muertes, las trampas de Walt a Jesse y demás…a todos nos gustaría que Walt y Jesse volvieran a ser compañeros de fatigas, que se cubrieran el uno al otro como antaño y que arriesgasen sus vidas por lealtad. Desgraciadamente ese tiempo se fue para no volver, convirtiéndose en unos Pat Garrett y Billy The Kid abocados a un destino trágico que ambos conocen, muy a su pesar. La intensa relación paterno filial evoca a Dédalo e Ícaro, padre e hijo de aciaga fortuna, pertenecientes a la mitología griega, cuya unión acabó con la muerte del hijo por no evitar volar demasiado alto ni demasiado bajo. Jesse siempre ha sido una persona de extremos (recordemos su última conversación con Saul sobre Florida y Alaska), casi nunca ha podido mantener un equilibrio personal prolongado, ha volado lo suficientemente alto como para quemarse en el infierno y lo necesariamente bajo como para congelarse hasta los huesos eternamente. De ahí la escena con Saul, Walt y Kuby en el coche (por cierto, calcada a la transcurrida antes con Mike, Walt y Jesse en el 5×01:Live Free or Die en cuanto a composición de planos, fotografía y actitud de Walt, al igual que la escena de Jesse yendo al encuentro de Walt es un calco del final de 3×12:Half Measures) enumerando los lugares comunes de Jesse, todos ellos marcados por la tragedia:su propia casa, la casa de sus amigos Badger y Skinny Pete, de Andrea y Brock, antros de crack en Siesta Hills (donde tiene lugar una de las escenas más conmovedoras de toda la serie), la pista de los karts o Alcohólicos Anónimos. Así como el propio Hank cita otros acontecimientos en la vida de Jesse influidos directamente por su relación con Mr. White:su rehabilitación de las drogas, el atropello de dos sicarios de Gus Fring que iban a liquidarlo, su división de ganancias en un 50/50 o la búsqueda del cigarro de ricino. Ambos están unidos desde el principio y lo estarán hasta el final porque se han buscado y encontrado mutuamente durante toda la serie, a pesar de (o precisamente gracias a) las penurias que han atravesado juntos. De hecho, es gratificante comprobar como Walt sigue queriendo a Jesse de verdad, en uno de los pocos (por no decir el único) sentimientos humanos reales mostrados por el antiguo profesor de química. Así, Walt le para los pies a Saul con su ejemplo de Old Yeller (fiel y noble perro que acaba sacrificado por pillar la rabia en el film Old Yeller de 1957 dirigido por Robert Stevenson) con un contundente «no vuelvas a sugerir eso otra vez». Y, sobre todo, defendiendo lo indefendible ante una Skyler que clama venganza por el intento de Jesse de quemar la casa de los White, justificando a su ex-socio por su adicción a las drogas y su mala cabeza. A pesar de la reciente proliferación de escenas de Walt con Walt Jr., no nos engañan, el hijo que de verdad siente Walter White como suyo es Jesse Pinkman, e intenta hasta el último momento esquivar un asesinato que, por primera vez desde Krazy-8, le haría experimentar auténticos remordimientos. Pero no hay otra, ya que Jesse ha cantado y todo ha salido a la luz. Lydia, Vámonos Pest, el asesinato del niño de la motocicleta Drew Sharp, etc. La historia criminal de Walt y Jesse ha dejado de ser leyenda para convertirse en realidad. Hasta este momento no existían más que en la cabeza de cada uno de ellos ante la falta de testigos o desconocimiento de la D.E.A., pero ahora todo es auténtico, no hay donde esconderse de esos hechos, por lo que Walt o Jesse deberán pagar por ellos de una forma u otra.
 
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Mientras tanto, es fascinante examinar como el resto de personajes continúan maquinando en sus cabezas sus siguientes pasos después de enfrentar en un corto periodo de tiempo revelaciones y emociones difíciles de asimilar. Pero lo más atrayente en ellos no es el «que» sino el «como». Dicho de otra forma, están experimentando su propia transformación siguiendo las severas normas de juego que implantó Heisenberg tiempo atrás, al que toman como modelo involuntario (al menos quiero creer que no es una elección voluntaria). Me explico. Si en el episodio anterior ya vimos como Marie le sugirió a Walt que se suicidara si lo que realmente quería era proteger a sus hijos, en este continúa con ese pensamiento y le añade un componente psicópata propio de alguien con tendencia a la inestabilidad emocional como es ella. En una escena (excesivamente larga) con su psicólogo reconoce estar dándole vueltas a la forma de envenenar a alguien de su familia, lo que equivaldría al famoso ricino de Walt. Incluso acepta de buen grado la estancia de Jesse en su casa si con eso se consigue acabar con Walt. Por su parte, Skyler, que sabe bien que puede perder incluso más de lo que tiene, no está dispuesta a que todo el sufrimiento acumulado se vaya por el desagüe. En una escena de una tensión irrespirable y, tras comprobar que por una vez su marido no se refiere a eufemismos con respecto a hablar=asesinar (amiga, se trata de Jesse…), Skyler suelta un par de frases para el recuerdo. «Walt, tú necesitas enfrentar esto». «Hemos llegado hasta aquí por nosotros, ¿Qué daño hace una muerte mas?». Skyler, en su afán de mirar hacia delante caiga quien caiga, no se piensa dos veces el hecho de instigar a su marido a asesinar a Pinkman, en una actitud que nos recuerda mucho a las excusas de Walt para cometer crímenes y limpiarse la conciencia al mismo tiempo («debía hacerse», en referencia a Mike, por ejemplo). Como Hank, al que no le importa lo más mínimo sacrificar a Jesse para capturar a Walt y limpiar su nombre en la D.E.A., tal como hiciera Walt con Tuco Salamanca a la hora de acabar con Gus Fring. Incluso el propio Jesse logra calmar su fuerte temperamento por una vez y, parece, urdir un plan fríamente para devastar la vida de un Walter White que ha jugado ya demasiadas partidas de ajedrez de esta manera. Cuatro versiones diferentes de Heisenberg circulan libremente por Nuevo México, en otra muestra más de las repercusiones que las funestas acciones del narcotraficante vestido a lo Johnny Cash han traído. El único que piensa igual desde siempre es Saul Goodman, cuyas características cómicas nos pueden hacer olvidar con facilidad su genuino comportamiento bastardo. Es un estilo, el de Heisenberg, de eficacia probada, pero también de retorno inmediato ya que exige la ausencia total de inquietudes éticas y morales. Para muestra una escena aparentemente trivial, donde un Walt manifiestamente embrionario y previo visionado de la particular unión de pistola y calzoncillos (un clásico en Breaking Bad), tira el bidón de gasolina a la basura del vecino, cambiando de opinión solo cuando encuentra una idea mejor para enmascarar la mentira que luego Walt Jr. y Skyler no se van a creer. Ni en un momento de aparente debilidad su mente criminal le deja respirar, son automatismos adquiridos mediante la pérdida de valores y en situaciones donde su vida dependía del nivel de su maldad. Ahora no puede desprenderse de ello.
 
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Después del frustrado intento de Hank por convencer a Jesse de que fuera su chivato, nada hacía presagiar esta nueva unión, sobre todo por el modo en que se ha producido. Aparte del desgarrador «no puede salirse con la suya!» de Jesse, casi implorándole piedad a Dios y llorando como un niño pequeño, lo que sorprende es que Hank emplee la manipulación calculada en un momento de tanta tensión. Su «hagámoslo juntos» refiriéndose a Jesse y con Walt como objetivo me recordó demasiado a Walt convenciendo a Jesse de ir juntos a por Gus Fring (4×12:End Times). Como se puede ver más adelante, Hank no ve a Jesse más que como un drogadicto asesino despreciable del que sacar partido teniendo en cuenta el cariño que Walt siente hacia él (como ya hicieron en su día Gus o Mike, la primera impresión que transmite Jesse siempre es esa), aunque para ello tenga que entregar al chaval a los lobos. La cuestión radica en saber si terminará encariñándose con Jesse (como Gus o Mike), aunque la falta de tiempo no parece hacer esto posible. Así que por un lado tenemos a Jesse, con Hank y Gomes como armas, más frío, con un plan para atrapar a Walter White (por cierto, primera vez en la serie que Jesse no le llama Mr. White, durante la escena de la grabación…); y por otro al propio Walt, que comenzó el episodio negándose a matar a su ex-alumno y termina ordenando su asesinato, con Todd y su familia como armas. Cada pistolero va a por el otro con las calles de Albuquerque como Far West, preparada para recibir todos los daños colaterales que se producirán de tal enfrentamiento, y con Skyler, Marie, Saul, Lydia o Walt Jr. como candidatos a recibir un balazo perdido. Y es que en esta ocasión es Jesse la parte activa, el que dice saber como dañar a su ex-socio donde más le duele. ¿Su familia? No. Su ego. Su leyenda. Su nombre. Heisenberg. Nada le ha reportado más victorias a Walt que su otro yo, Heisenberg, su Dr. Jekyll particular. Aparte del hecho de que Jesse sería incapaz de asesinar a inocentes después de lo de Gale (¿Consideraría a Skyler inocente si Hank le cuenta qué ella estaba enterada de casi todo?), la fotografía de Walt vestido de Papa Noel (o Santa Claus, como prefieran) le ha hecho comprender que tiene la sartén por el mango debido a su camuflaje perfecto en la sociedad. Nadie sabe realmente quien es ni lo que ha hecho. Sin embargo, dar al traste con su anonimato le obligaría a cambiar de residencia (¿Flashforward?), a esconderse de sus vecinos (¿Carol?) y le alejaría de su familia, ya que la postura oficial de Skyler debería ser llevarse a sus hijos lejos para que Walt Jr. no sospeche también de ella misma. Todo esto son suposiciones que probablemente no significarán nada, ya que Breaking Bad es imprevisible hasta en sus títulos de crédito, pero apuesto a que se esconde alguna pista del siguiente episodio, 5×13:To’hajiilee, en los libros que Jesse ojea en casa de Hank y Marie. Tohajiilee es una reserva india con base en Nuevo México, al oeste de Albuquerque, por lo que es casi seguro que alguna parte de la acción del episodio se desarrolle allí. Lo que me lleva a sospechar de algunos de los títulos de los libros que el bueno de Hank tiene en su casa:The Indians Book, The Final Days, Destiny, Bio Secrets, The Rat, Without Reservations, The Money Harvest. Que Jesse ojee Dutch, la biografía de Ronald Reagan, puede ser una maniobra de despiste (o algo que se me escapa). Lo que es evidente es que las palabras «rata» (Jesse es ahora mismo un soplón, una rata, que no suelen salir bien parados en las películas de gangsters de serie B que tanto homenajea la serie), «destino», «secretos», «días finales» o «dinero», no auguran nada bueno para el siguiente episodio. Es posible que se hayan agotado los pasajes a Belice y Tohajiilee sea el nuevo purgatorio de Breaking Bad.
 
PD:Mi anterior PD fue una ida de olla de Anna Gunn. Si, yo también estuve esperando todo el episodio a que alguien muriera.

Promo del próximo capitulo

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