Reseña: ‘El sicario de Dios’ (2011)

El ‘western’ vampírico es cosa de la Iglesia

 

Ficha técnica

Título: El sicario de Dios
Título Original: Priest
Directora: Scott Stewart
Guión: Elizabeth J. Mars (Novela gráfica: Min-Woo Hyung)
Música: Christopher Young
Fotografía: Don Burgess
Productora: Sony Pictures / Buckaroo Entertainment / Michael De Luca Productions / Screen Gems / Stars Road Entertainment / TOKYOPOP
Año/País: 2011 / USA
Duración: 87 min.
Género: Terror. Aventuras. Thriller | Futuro postapocalíptico. Cómic. Vampiros. 3-D
Reparto: Paul Bettany, Cam Gigandet, Maggie Q, Karl Urban, Lily Collins, Stephen Moyer, Mädchen Amick, Christopher Plummer, Brad Dourif
Web oficial: http://www.priest-themovie.com/
Enlace IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0822847/
Enlace Sensacine.com: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-144461/

Sinopsis

Tras cientos de años de guerra entre hombres y vampiros, Priest, un religioso guerrero convertido en un mito después de la última batalla, se ve obligado a vivir escondido entre humanos tras los muros de las ciudades que controla la institución de la Iglesia. Un día, su joven sobrina es capturada en el exterior por un grupo de sanguinarios chupasangre, por lo que Priest se ve obligado a romper sus votos e ir en su búsqueda para vengarse.

Crítica

Propongo que, a partir de este momento, el mundo del celuloide acuñe un nuevo subgénero denominado “ficción vírica”. Éste serviría para abarcar todas aquellas películas de acción y fantasía indescriptible con impresionantes efectos visuales y coreografías de lucha. Sin olvidar, por supuesto, los personajes destroyer y la estética de cómic. Pero mezclado de forma absurda y (casi siempre) latosa. Así, El sicario de Dios se ganaría un puesto privilegiado dentro del género descrito. Dirigida por Scott Stewart (Legión), un tipo más conocido por  su labor en efectos visuales de gran factura, cuenta la historia de un guerrero sacerdote que, tras luchar en la última Guerra del Vampiro junto a  sus compañeros, pertenecientes a un grupo especial de monjes-soldado, acude a la llamada de auxilio de sus seres queridos, que han sido masacrados por los chupópteros. Sin embargo, el jefe supremo de la Iglesia prohíbe su intervención ya que considera irreal la amenaza: los asesinos de humanos están recluidos  en una zona de cuarentena muy lejos de la ciudad.

Paul Bettany encarna al sacerdote protagonista, y le imprime fuerza, obviamente se siente cómodo interpretando a hombres de fe. Supongo que para cualquier beato debe de ser durísimo que te amenacen con la excomunión, pero a ese feligrés rubio no le tiembla el pulso a la hora de partir en busca de su sobrina (la excusa perfecta para dejar tras de sí montones de cadáveres). Y a lomos de su moto –híbrido entre Harley y vaina de Star Wars- recorre el extenso páramo que evoca western, con la diferencia de que esta vez el cowboy (Cam Gigandet) es sólo un escudero y el auténtico héroe, nihilista y asqueado, cambia el Colt por una cruz de plata. Lejos de ese otro cazavampiros en Transilvania llamado Van Helsing, lo que vemos es una ficción distópica rabiosamente divertida. Es decir, un espectáculo libre de represiones argumentales. Un filme bobo, sí, aunque nada ofensivo para la retina. Lo que hace Scott Stewart es típico y previsible como los miles de cineastas eruditos del terror. Acaso unos cinéfilos que dirigen, pero no cineastas. En fin, un blanco fácil para la crítica y, por tanto, afrodisíaco para el que aplaude desde la platea. No hay mucha originalidad en la premisa de “exegeta de Dios con alma de castigador”. Directores como Clint Eastwood mostraron de forma envidiable que la justicia es parte del Todopoderoso, que el voto de castidad surge luego de probar la manzana. El jinete pálido cogía su revólver y predicaba a través de él.

El sicario de Dios es comida rápida en pos de hacer caja, pues el final de la cinta, abierto y pretendidamente mesiánico, posee un tufillo de primera entrega avasallador. Pasando a otras cuestiones (aún más subjetivas), debo decir que el diseño de los vampiros provoca grima en lugar de pavor. Me pregunto por qué no dejan de intentar copiar los diseños del equipo Del Toro. Agradecería que se estrujaran un poquito la cabeza, al igual que con los escenarios de la ciudad, semejantes a Dark City. Hay detalles, sin embargo, que interesan, como el confesionario virtual (seguro que ya los hay en Japón, o quizá en los locutorios) y alguna secuencia de casquería. También aparece un monstruo con hipertrofia y una atractiva sacerdotisa que parece levar el ancla del cura. Y después de 80 minutos de western vampírico, compruebo que no hay daños irreparables en mi cerebro. Mejor me voy a rezarle a John  Ford.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=aflMFFGyDV8

Nota: 5/10

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