Reseña: ‘I’m Not There’ (2007)

Todd Haynes compone una perfecta radiografía de un sentimiento en pérdida. Y Cate Blanchett nos regala una actuación memorable.

Ficha técnica

Título: I’m Not There
Título Original: I’m Not There
Director: Todd Haynes
Guión: Todd Haynes, Oren Moverman
Música: Bob Dylan
Fotografía: Edward Lachman
Productora: John Wells Productions / The Weinstein Company
Año/País: 2007 / Estados Unidos
Duración: 135 min.
Género: Drama | Biográfico. Música. Años 60. Años 70. Falso documental. Cine independiente USA
Reparto: Christian Bale, Cate Blanchett, Marcus Carl Franklin, Richard Gere, Heath Ledger, Ben Whishaw, Charlotte Gainsbourg, Julianne Moore, Michelle Williams, Bruce Greenwood, Kris Kristofferson, Kyle Switzer
Enlace IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0368794/

Sinopsis

Un perfil del legendario músico Bob Dylan en el que siete personajes distintos (encarnados por conocidos actores y actrices) personifican diferentes aspectos de la vida personal y profesional del mítico cantante norteamericano.

Crítica

Revisito I’m Not There con la certeza de volver a encontrarme con todos esos clones de Bob Dylan que representan una etapa o parte significativa de su personalidad. Todd Haynes rodó en 2007 el mejor biopic no biopic en mucho tiempo. Lamentablemente, llegó a nuestras carteleras con tres años de retraso. Sin comentarios. Mezclando diferentes géneros como el documental, el drama, el musical, e incluso el western. Son recreaciones del autor de Blowin’ in the Wind, interpretadas por el desaparecido Heath Ledger (un actor que interpretó al genio en la ficción y que vive malos días con la madre de sus hijos), Christian Bale (interpretando a un tal Jack Rollins, la  etapa folk de Dylan) y Cate Blanchett, que nos deja con la boca abierta, pues no es que se introduzca en la piel del poeta sino que es él. La fisonomía de esa espléndida actriz casa a la perfección con la fragilidad de Dylan, emula primordialmente los tics de éste, la forma en que pasa los dedos por sus labios, la forma de exhalar el humo de ese cigarrillo que se mimetiza con la fotografía en blanco y negro, la cadencia de su habla, pausada y lúcida. Digamos que Blanchett ha absorbido ese magistral documento periodístico titulado Don’t Look Back, un documental estrenado en 1967 que sigue los pasos de Bob Dylan en sus comienzos, y cómo pasó de las canciones tradicionales interpretadas en acústico a la fuerza –de las canciones tradicionales- en eléctrico, originando protestas, siendo acusado de traidor y demoníaco. Y señala como giro fundamental en su conciencia el accidente de moto que le mantuvo apartado de los escenarios durante siete años. El documental de D.A. Pennebaker es imprescindible para cualquier dylanita.

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En realidad, pocos eran capaces de descifrar las entelequias que salpicaban su poesía. El doble o múltiple sentido de sus letras, crónicas de una época confusa y grisácea, provista de voces geniales que no dudaron en clamar contra el statu quo. Y el director utiliza todos esos recursos de manera encomiable. El guión y los diálogos rezuman homenaje, capacidad de análisis. Tampoco deja de lado el coqueteo de Bob Dylan con las drogas. Un aspecto éste, el de su adicción y su exposición ante la crítica, que sirvió de punto y aparte en su carrera profesional. Porque a pesar de su corta edad, se sabía un privilegiado llamado a dejar huella. Precisamente una de las mayores bazas de I’m Not There es su acierto a la hora de retratar no ya al protagonista del viaje, sino al artista como piedra de toque para valorar aquella sociedad ciertamente amarga y proclive a la paranoia.

Y qué clase tiene esa actriz superdotada llamada Cate Blanchett. Si el filme fuese un bodrio –nada más lejos de la realidad-, merecería pasar a la historia del cine por su soberbia actuación, que le valió un Globo de Oro y una nominación a los Oscar como Mejor Actriz de reparto. “Contradicciones, somos contradicciones”. Pocos artistas tienen la capacidad de reconocer su naturaleza contradictoria, lo superfluo de las ideas políticas. Que, a fin de cuentas, estamos condenados. Escucho The Ballad of Thin Man como si fuera una verdad tramposa, un juego de espejos que utiliza una figura (ese Mr.Jones) para describir la torpe moral de los poderosos. “Yo no soy fatalista”, reconoce un joven Rimbaud. “Los banqueros son fatalistas. Soy granjero, nunca podría ser fatalista”. Si ponemos en una balanza los defectos y virtudes de esta poderosa radiografía, comprobaremos que pesan más las luces. Porque ya sea a través de los ojos de Charlotte Gainsbourg o la magnética gestualidad de Cate Blanchett, sabemos que el amor es efímero y que las canciones, cuando tienen alma, perduran.

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Nota: 8

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